OBRAS

ESPIRITUALIDAD

SAN JUAN DE LA CRUZ

BIOGRAFÍA

 

Juan de la Cruz (Juan de Yepes Álvarez), nació en Fontiveros (Ávila) en 1542. Tuvo tres hermanos: Francisco, Luis y Juan. Su padre Gonzalo, murió cuando Juan era muy pequeño. Los parientes toledanos desheredaron a Gonzalo por haberse casado con Catalina, de extracción social inferior. Así se quedaron en la pobreza, que se agudizó aún más al morir el padre.

 

Catalina parte para tierras toledanas a pedir ayuda a los familiares de Gonzalo; estuvo en Torrijos, sin éxito; siguió hasta Gálvez; el médico del pueblo se quedó con Francisco. Catalina vuelve a Fontiveros con Juanito. Después de un año, se presenta en Gálvez. Vuelve a casa con Francisco y Juanito. Las cosas no habían ido bien. Traslado a Arévalo, de donde regresan probablemente a Fontiveros, y luego parten para Medina del Campo. Por ser tan pobres pudo Catalina meter al pequeño en el Colegio de los Doctrinos. Pudo entrar también como enfermero en el Hospital de la Concepción o de las Bubas, y alumno externo en el Colegio de los jesuitas de 1559 a 1563.

 

En 1563 ingresa en el Carmen de Santa Ana de Medina como novicio, profesando al año siguiente. Pasa a estudiar en la Universidad de Salamanca: tres años de filosofía, como alumno ordinario y uno de teología 1567-1568, este último después de haberse entrevistado con Santa Teresa en Medina en las vacaciones de 1567.

 

La Santa le quita la idea de hacerse cartujo. A la petición de la Madre para que se adhiera a la nueva familia carmelitana que anda organizando accede, pero le pone la condición de que no se tarde mucho.

 

Vuelto de Salamanca en 1568, continúa dialogando con Teresa sobre la nueva vida carmelitana. La acompaña a la fundación de las monjas en Valladolid y se informa debidamente de todo. Terminada aquella especie de noviciado, Juan parte para Duruelo (Ávila) y va adaptando la casita que han regalado a la Santa a primer conventito de los frailes.

 

La inauguración oficial: el 28 de noviembre de 1568. Visita de la Santa en la Cuaresma de 1569.

 

Juan de la Cruz es nombrado maestro de novicios en Duruelo y con este cargo pasa a Mancera, cuando se hace el traslado a ese lugar cercano en 1570. Le toca ir a organizar el noviciado en Pastrana (Guadalajara) en 1570. Vuelve a Mancera; en abril de 1571 nuevo destino: Rector del Colegio de Alcalá de Henares. Al año siguiente, posiblemente en mayo pasa, requerido por Santa Teresa a Ávila, como confesor del gran monasterio de La Encarnación , donde es Priora la Madre.

En Ávila pasa cinco años, famoso por su poder contra los espíritus malignos y como exorcista insigne, y maestro de espíritus. De Ávila le arrancan los carmelitas calzados y le llevan preso al convento de Toledo. Nueve meses de cárcel, de la que se fuga en agosto de 1578.

 

Asiste en 1578 al capitulillo de los descalzos en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), en el que es nombrado Superior del convento del Calvario (Jaén). Parte para Andalucía y estaciona en su nuevo destino, de donde sale para fundar en 1579 el convento-colegio de la Orden en la ciudad universitaria de Baeza, donde es Rector.

 

En enero de 1582 se traslada a Granada. En esta ciudad en el convento de los Santos Mártires es tres veces Prior. En 1585 Vicario Provincial de Andalucía. Desde Baeza asiste en Alcalá de Henares al capítulo de separación de la provincia descalza en 1581. Igualmente asiste a todos los demás Capítulos: Almodóvar 1583, Lisboa-Pastrana 1585, Valladolid 1587, Madrid 1588, 1590, 1591. Desde el Capítulo de 1588 es la segunda autoridad de la Orden, y como tal pasa a Segovia, como miembro del nuevo Gobierno de la Consulta, presidiendo las sesiones de la misma cuando está ausente el Vicario General Nicolás Doria. Construye nuevo convento en Segovia, aunque no lo deja terminado. Sale de Segovia para la Peñuela en agosto de 1591. Enferma y el 28 de setiembre se le traslada a Úbeda. Sufre no poco por causa del prior de Úbeda y por la persecución infame de Diego Evangelista. Muere en Úbeda el 14 de diciembre de 1591. Su cuerpo es trasladado a Segovia en 1593.

 

OBRA

 

A Juan de la Cruz le gustaba más hablar que escribir de cosas espirituales; su vocación más profunda era el magisterio oral. Escribió espontáneamente los Dichos de luz y amor, las cartas, Cautelas y poco más.

Los grandes libros: Subida-Noche, Cántico, Llama, los escribió a petición de frailes y monjas.

 

Para tener idea de la producción escrita de Juan de la Cruz no hay más que manejar alguna de las bien buenas ediciones con que contamos actualmente. Se suelen presentar como partidos en dos mitades: Escritos breves, y Obras mayores.

 

Obras menores se llaman también los escritos breves; esto no quiere decir que tengan menos importancia o menos mensaje que los demás escritos; se las llama así por la simple mole de las páginas.

 

Si entre los escritos breves ponemos sus poesías y particularmente los poemas que son la base de las grandes obras, en las que se comentan, entendemos mejor lo de obras menores.

 

Si entre los escritos breves ponemos sus poesías y particularmente los poemas que son la base de las grandes obras, en las que se comentan, entendemos mejor lo de obras menores.

 

En la vieja cuestión de por dónde comenzar a leer a San Juan de la Cruz, lo más simple y eficaz es comenzar a leer por los escritos breves que además, en su mayoría preceden cronológicamente a los grandes tratados.

 

De la lectura atenta y cariñosa de los grandes poemas nacerá en el lector el deseo de conocer el significado de los mismos, el significado de todo ese mundo maravilloso de poemas, y se moverán a leer los comentarios en prosa.

 

 

ESPIRITUALIDAD

 

La espiritualidad de San Juan de la Cruz es enteramente teologal. Desde que da el santo con el esquema teologal en 2S c. 6 se ilumina y organiza perfectamente todo su magisterio. Desde ese capítulo hasta el final de la Subida todo es doctrina teologal manifiesta. En esa sustancia teologal está embebida la palabra de Dios, de la que Juan de la Cruz está enamorado; en esa misma clave presenta los misterios de la fe, las lámparas de fuego de los atributos divinos, lo mismo que todo el mundo del enamoramiento recíproco de Cristo Jesús y el alma que aparece lo mismo en la Subida-Noche que en el Cántico y Llama. Con toda exactitud se ha escrito acerca del magisterio teologal sanjuanista: ”La vida teologal es la actualización e información de las actitudes y comportamiento de la persona por las tres virtudes teologales. Ellas integran, orientan, impulsan y transforman la persona y la vida, confiriéndoles una proyección total hacia Dios. Vida de fe, de esperanza y de caridad con todo lo que entraña de exigencias divinas y renuncias humanas, espirituales y terrenas” (Isaías Rodríguez, La vida teologal según el Vaticano II y San Juan de la Cruz, en Revista de Espiritualidad 27 (1968), 477)

 

Será útil transcribir una carta de Edith Stein escrita el 30 de marzo de 1940 en la que se refiere a un punto muy importante de la espiritualidad de Juan de la Cruz. Edith Stein recibió carta de una religiosa dominica llamada Agnella Stadtmüller, doctora en filosofía, muy conocida suya. En la carta le preguntaba acerca de qué entendía San Juan de la Cruz por “amor puro”. Edith contesta exactamente a lo que se le pregunta.

 

Sus palabras son las siguientes: “San Juan de la Cruz entiende por “amor puro” el amor de Dios por él mismo; el de un corazón libre de todo apego a cualquier cosa creada: a sí mismo y al resto de las criaturas, pero también a todo consuelo y cosas similares que Dios pueda conceder al alma, a cualquier forma de devoción especial , etc.; el de un corazón que no desea otra cosa sino que se cumpla la voluntad de Dios y que se deja guiar por él sin resistencia. Lo que una puede hacer para llegar hasta aquí está ampliamente tratado en la Subida del Monte Carmelo. Cómo Dios purifica al alma, en la Noche Oscura. El resultado, en la Llama de Amor viva y en El Cántico Espiritual. Básicamente puede encontrarse todo el camino en cada una de las obras, únicamente que en cada caso se acentúa una etapa u otra. Pero si usted desea aprender lo esencial, recopilado de forma mucho más breve, entonces debe coger los escritos breves”.

 

 

 

| POESÍAS |

  • LLAMA DE AMOR VIVA

    1. ¡Oh llama de amor viva,

    que tiernamente hieres

    de mi alma en el más profundo centro!

    Pues ya no eres esquiva,

    acaba ya, si quieres;

    ¡rompe la tela de este dulce encuentro!

     

    2. ¡Oh cauterio suave!

    ¡Oh regalada llaga!

    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,

    que a vida eterna sabe,

    y toda deuda paga!

    Matando. muerte en vida la has trocado.

     

    3. ¡Oh lámparas de fuego,

    en cuyos resplandores

    las profundas cavernas del sentido,

    que estaba oscuro y ciego,

    con extraños primores

    calor y luz dan junto a su Querido!

     

    4. ¡Cuán manso y amoroso

    recuerdas en mi seno,

    donde secretamente solo moras

    y en tu aspirar sabroso,

    de bien y gloria lleno,

    cuán delicadamente me enamoras!

  • UN PASTORCICO

    Un pastorcico solo está penando

    Ajeno de placer y de contento

    Y en su pastora puesto el pensamiento

    Y el pecho del amor muy lastimado.

     

    No llora por haberle amor llagado

    Que no le pena verse así afligido

    Aunque en el corazón está herido

    Mas llora por pensar que está olvidado.

     

    Que sólo de pensar que está olvidado

    De su bella pastora con gran pena

    Se deja maltratar en tierra ajena

    El pecho del amor muy lastimado.

     

    Y dice el pastorcico: "¡Ay desdichado

    De aquel que de mi amor ha hecho ausencia

    Y no quiere gozar la mi presencia

    Y el pecho por su amor muy lastimado!"

     

    Y al cabo de un gran rato se ha encumbrado

    Sobre un árbol do abrió sus brazos bellos

    Y muerto se ha quedado asido de ellos

    Del pecho del amor muy lastimado.

  • NOCHE OSCURA

    1. En una noche oscura,

    con ansias, en amores inflamada

    ¡oh dichosa ventura!,

    salí sin ser notada

    estando ya mi casa sosegada.

     

    2. A oscuras y segura,

    por la secreta escala disfrazada,

    ¡Oh dichosa ventura!,

    a oscuras y en celada,

    estando ya mi casa sosegada.

     

    3. En la noche dichosa

    en secreto, que nadie me veía,

    ni yo miraba cosa,

    sin otra luz y guía

    sino la que en el corazón ardía.

     

    4. Aquésta me guiaba

    más cierto que la luz del mediodía,

    adonde me esperaba

    quien yo bien me sabía,

    en parte donde nadie parecía.

     

    5. ¡Oh noche que guiaste!

    ¡Oh noche amable más que la alborada!

    ¡Oh noche que juntaste

    Amado con amada,

    amada en el Amado transformada!

     

    6. En mi pecho florido

    que entero para él sólo se guardaba,

    allí quedó dormido,

    y yo le regalaba,

    y el ventalle de cedros aire daba

     

    7. El aire de la almena,

    cuando yo sus cabellos esparcía,

    con su mano serena

    en mi cuello hería

    y todos mis sentidos suspendía.

     

    8. Quedéme y olvidéme,

    el rostro recliné sobre el Amado,

    cesó todo y dejéme,

    dejando mi cuidado

    entre las azucenas olvidado.

  • LA FONTE

    Qué bien sé yo la fonte que mane y corre,

    aunque es de noche.

     

    1. Aquella eterna fonte está escondida,

    que bien sé yo do tiene su manida,

    aunque es de noche.

     

    2. Su origen no lo sé, pues no le tiene,

    mas sé que todo origen de ella tiene,

    aunque es de noche.

     

    3. Sé que no puede ser cosa tan bella,

    y que cielos y tierra beben de ella,

    aunque es de noche.

     

    4. Bien sé que suelo en ella no se halla,

    y que ninguno puede vadealla,

    aunque es de noche.

     

    5. Su claridad nunca es oscurecida,

    y sé que toda luz de ella es venida,

    aunque es de noche.

     

    6. Sé ser tan caudalosos sus corrientes.

    que infiernos, cielos riegan y las gentes,

    aunque es de noche.

     

    7. El corriente que nace de esta fuente

    bien sé que es tan capaz y omnipotente,

    aunque es de noche.

     

    8. El corriente que de estas dos procede

    sé que ninguna de ellas le precede,

    aunque es de noche.

     

    9. Aquesta eterna fonte está escondida

    en este vivo pan por darnos vida,

    aunque es de noche.

     

    10. Aquí se está llamando a las criaturas,

    y de esta agua se hartan, aunque a oscuras

    porque es de noche.

     

    11. Aquesta viva fuente que deseo,

    en este pan de vida yo la veo,

    aunque es de noche.

  • DE UN EXTASIS DE ALTA CONTEMPLACION

    Entréme donde no supe:

    y quedéme no sabiendo,

    toda ciencia trascendiendo.

     

    1. Yo no supe dónde estaba,

    pero, cuando allí me vi,

    sin saber dónde me estaba,

    grandes cosas entendí;

    no diré lo que sentí,

    que me quedé no sabiendo,

    toda ciencia trascendiendo.

     

    2. De paz y de piedad

    era la ciencia perfecta,

    en profunda soledad

    entendida, vía recta;

    era cosa tan secreta,

    que me quedé balbuciendo,

    toda ciencia trascendiendo.

     

    3. Estaba tan embebido,

    tan absorto y ajenado,

    que se quedó mi sentido

    de todo sentir privado,

    y el espíritu dotado

    de un entender no entendiendo.

    toda ciencia trascendiendo.

     

    4. El que allí llega de vero

    de sí mismo desfallece;

    cuanto sabía primero

    mucho bajo le parece,

    y Su ciencia tanto crece,

    que se queda no sabiendo,

    toda ciencia trascendiendo.

     

    5. Cuanto más alto se sube,

    tanto menos se entendía,

    que es la tenebrosa nube

    que a la noche esclarecía:

    por eso quien la sabía

    queda siempre no sabiendo,

    toda ciencia trascendiendo.

     

    6. Este saber no sabiendo

    es de tan alto poder,

    que los sabios arguyendo

    jamás le pueden vencer;

    que no llega su saber

    a no entender entendiendo,

    toda ciencia trascendiendo.

     

    7. Y es de tan alta excelencia

    aqueste sumo saber,

    que no hay facultad ni ciencia

    que la puedan emprender;

    quien se supiere vencer

    con un no saber sabiendo,

    irá siempre trascendiendo.

     

    8. Y, si lo queréis oír,

    consiste esta suma ciencia

    en un subido sentir

    de la divinal esencia;

    es obra de su clemencia

    hacer quedar no entendiendo,

    toda ciencia trascendiendo.

  • DEL ALMA QUE PENA POR VER A DIOS

    Vivo sin vivir en mí

    y de tal manera espero,

    que muero porque no muero.

     

    1. En mí yo no vivo ya,

    y sin Dios vivir no puedo;

    pues sin él y sin mí quedo,

    este vivir ¿qué será?

    Mil muertes se me hará,

    pues mi misma vida espero,

    muriendo porque no muero.

     

    2. Esta vida que yo vivo

    es privación de vivir;

    y así, es continuo morir

    hasta que viva contigo.

    Oye, mi Dios, lo que digo:

    que esta vida no la quiero,

    que muero porque no muero.

     

    3. Estando ausente de ti

    ¿qué vida puedo tener,

    sino muerte padecer

    la mayor que nunca vi?

    Lástima tengo de mí,

    pues de suerte persevero,

    que muero, porque no muero.

     

    4. El pez que del agua sale

    aun de alivio no carece,

    que en la muerte que padece

    al fin la muerte le vale.

    ¿Qué muerte habrá que se iguale

    a mi vivir lastimero,

    pues si más vivo más muero?

     

    5. Cuando me pienso aliviar

    de verte en el Sacramento,

    háceme más sentimiento

    el no te poder gozar;

    todo es para más penar

    por no verte como quiero,

    y muero porque no muero.

     

    6. Y si me gozo, Señor,

    con esperanza de verte,

    en ver que puedo perderte

    se me dobla mi dolor;

    viviendo en tanto pavor

    y esperando como espero,

    muérome porque no muero.

     

    7. ¡Sácame de aquesta muerte

    mi Dios, y dame la vida;

    no me tengas impedida

    en este lazo tan fuerte;

    mira que peno por verte,

    y mi mal es tan entero,

    que muero porque no muero.

     

    8. Lloraré mi muerte ya

    y lamentaré mi vida,

    en tanto que detenida

    por mis pecados está.

    ¡Oh mi Dios!, ¿cuándo será

    cuando yo diga de vero:

    vivo ya porque no muero?

  • CANTICO ESPIRITUAL

    Esposa

     

    1. ¿Adónde te escondiste,

    Amado, y me dejaste con gemido?

    Como el ciervo huiste,

    habiéndome herido;

    salí tras ti clamando, y eras ido.

     

    2. Pastores, los que fuerdes

    allá por las majadas al otero:

    si por ventura vierdes

    aquel que yo más quiero,

    decidle que adolezco, peno y muero.

     

    3. Buscando mis amores,

    iré por esos montes y riberas;

    ni cogeré las flores,

    ni temeré las fieras,

    y pasaré los fuertes y fronteras.

     

    Pregunta a las criaturas

     

    4. ¡Oh bosques y espesuras,

    plantadas por la mano del Amado!

    ¡Oh prado de verduras,

    de flores esmaltado!

    Decid si por vosotros ha pasado.

     

    Respuesta de las criaturas

     

    5. Mil gracias derramando

    pasó por estos Sotos con presura,

    e, yéndolos mirando,

    con sola su figura

    vestidos los dejó de su hermosura.

     

    Esposa

     

    6. ¡Ay, quién podrá sanarme!

    Acaba de entregarte ya de vero:

    no quieras enviarme

    de hoy más ya mensajero,

    que no saben decirme lo que quiero.

     

    7. Y todos cuantos vagan

    de ti me van mil gracias refiriendo,

    y todos más me llagan,

    y déjame muriendo

    un no sé qué que quedan balbuciendo.

     

    8. Mas ¿cómo perseveras,

    ¡oh vida!, no viviendo donde vives,

    y haciendo porque mueras

    las flechas que recibes

    de lo que del Amado en ti concibes?

     

    9. ¿Por qué, pues has llagado

    aqueste corazón, no le sanaste?

    Y, pues me le has robado,

    ¿por qué así le dejaste,

    y no tomas el robo que robaste?

     

    10. Apaga mis enojos,

    pues que ninguno basta a deshacellos,

    y véante mis ojos,

    pues eres lumbre dellos,

    y sólo para ti quiero tenellos.

     

    11. ¡Oh cristalina fuente,

    si en esos tus semblantes plateados

    formases de repente

    los ojos deseados

    que tengo en mis entrañas dibujados!

     

    12. ¡Apártalos, Amado,

    que voy de vuelo!

     

    El Esposo

     

    Vuélvete, paloma,

    que el ciervo vulnerado

    por el otero asoma

    al aire de tu vuelo, y fresco toma.

     

    La Esposa

     

    13. Mi Amado, las montañas,

    los valles solitarios nemorosos,

    las ínsulas extrañas,

    los ríos sonorosos,

    el silbo de los aires amorosos,

     

    14. la noche sosegada

    en par de los levantes del aurora,

    la música callada,

    la soledad sonora,

    la cena que recrea y enamora.

     

    15. Nuestro lecho florido,

    de cuevas de leones enlazado,

    en púrpura tendido,

    de paz edificado,

    de mil escudos de oro coronado.

     

    16. A zaga de tu huella

    las jóvenes discurren al camino,

    al toque de centella,

    al adobado vino,

    emisiones de bálsamo divino.

     

    17. En la interior bodega

    de mi Amado bebí, y cuando salía

    por toda aquesta vega,

    ya cosa no sabía;

    y el ganado perdí que antes seguía.

     

    18. Allí me dio su pecho,

    allí me enseñó ciencia muy sabrosa;

    y yo le di de hecho

    a mí, sin dejar cosa:

    allí le prometí de ser su Esposa.

     

    19. Mi alma se ha empleado,

    y todo mi caudal en su servicio;

    ya no guardo ganado,

    ni ya tengo otro oficio,

    que ya sólo en amar es mi ejercicio.

     

    20. Pues ya si en el ejido

    de hoy más no fuere vista ni hallada,

    diréis que me he perdido;

    que, andando enamorada,

    me hice perdidiza, y fui ganada.

     

    21. De flores y esmeraldas,

    en las frescas mañanas escogidas,

    haremos las guirnaldas

    en tu amor florecidas

    y en un cabello mío entretejidas.

     

    22. En solo aquel cabello

    que en mi cuello volar consideraste,

    mirástele en mi cuello,

    y en él preso quedaste,

    y en uno de mis ojos te llagaste.

     

    23. Cuando tú me mirabas

    su gracia en mí tus ojos imprimían;

    por eso me adamabas,

    y en eso merecían

    los míos adorar lo que en ti vían.

     

    24. No quieras despreciarme,

    que, si color moreno en mi hallaste,

    ya bien puedes mirarme

    después que me miraste,

    que gracia y hermosura en mi dejaste.

     

    25. Cogednos las raposas,

    que está ya florecida nuestra viña,

    en tanto que de rosas

    hacemos una piña,

    y no parezca nadie en la montiña.

     

    26. Detente, cierzo muerto;

    ven, austro, que recuerdas los amores,

    aspira por mi huerto,

    y corran sus olores,

    y pacerá el Amado entre las flores.

     

    Esposo

     

    27. Entrado se ha la esposa

    en el ameno huerto deseado,

    y a su sabor reposa,

    el cuello reclinado

    sobre los dulces brazos deI Amado.

     

    28. Debajo del manzano,

    allí conmigo fuiste desposada.

    allí te di la mano,

    y fuiste reparada

    donde tu madre fuera violada.

     

    29. A las aves ligeras,

    leones, ciervos, gamos saltadores,

    montes, valles, riberas,

    aguas, aires, ardores

    y miedos de las noches veladores,

     

    30. Por las amenas liras

    y canto de serenas os conjuro

    que cesen vuestras iras,

    y no toquéis al muro,

    porque la esposa duerma más seguro.

     

    Esposa

     

    31. Oh ninfas de Judea!,

    en tanto que en las flores y rosales

    el ámbar perfumea,

    morá en los arrabales,

    y no queráis tocar nuestros umbrales

     

    32. Escóndete, Carillo,

    y mira con tu haz a las montañas,

    y no quieras decillo;

    mas mira las compañas

    de la que va por ínsulas extrañas

     

    Esposo

     

    33. La blanca palomica

    al arca con el ramo se ha tornado

    y ya la tortolica

    al socio deseado

    en las riberas verdes ha hallado.

     

    34. En soledad vivía,

    y en soledad ha puesto ya su nido,

    y en soledad la guía

    a solas su querido,

    también en soledad de amor herido.

     

    Esposa

     

    35. Gocémonos, Amado,

    y vámonos a ver en tu hermosura

    al monte ó al collado

    do mana el agua pura;

    entremos más adentro en la espesura.

     

    36. Y luego a las subidas

    cavernas de la piedra nos iremos,

    que están bien escondidas,

    y allí nos entraremos,

    y el mosto de granadas gustaremos

     

    37. Allí me mostrarías

    aquello que mi alma pretendía,

    y luego me darías

    allí, tú, vida mía,

    aquello que me diste el otro día:

     

    38. El aspirar del aire,

    el canto de la dulce Filomena,

    el soto y su donaire,

    en la noche serena,

    con llama que consume y no da pena

     

    39. Que nadie lo miraba,

    Aminadab tampoco parecía,

    y el cerco sosegaba,

    y la caballería

    a vista de las aguas descendía.

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Frailes Carmelitas Descalzos de Centroamérica

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